miércoles, 22 de julio de 2009

DEVOCIONAL Dia 17

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho.” Juan 15:7 (RV)

Cada noche cuando le pedimos a nuestro hijo de 4 años que ore por los alimentos, él con todo entusiasmo finaliza su oración con este comentario: “y Señor, me gustaría una nueva máquina de afeitar.” Todos nos reímos, los niños mayores siempre se preguntan cómo van a responder papá y mamá con esta oración. Nosotros les decimos, “Pueden orar por lo que quieran, pero deben saber que Dios tiene la palabra final en cómo les va a responder sus oraciones.”
¿Qué puedes pedir cuando oras? Cualquier cosa. ¿Sobre qué necesidades puedes orar? Sobre todas tus necesidades.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Filipenses 4:19

Nota, ¡Dios dijo que proveería por todas tus necesidades, no por tus ambiciones! Nuestro problema es que, a veces, es difícil conocer la diferencia entre lo que queremos y lo que necesitamos. Por eso es que el versículo dice que el poder de la oración respondida comienza con nuestra confianza en Jesús y permitiendo que Su palabra permanezca en nosotros.
Esto desarrolla en nosotros una sabiduría y un discernimiento espiritual. Este es uno de los mayores dones de Dios. Mientras aprendas a permanecer conectado y a seguirle, crecerás espiritualmente. Mientras crezcas espiritualmente, crecerás en sabiduría. Mientras crezcas en sabiduría pensarás mejor en las cosas por las que ores. ¡El resultado será una vida de oración poderosa y emocionante! Te sentirás cómodo al tomar la iniciativa con Dios cada día. Te sentirás capaz de hablarle a Dios por lo que hay en tu corazón, por lo que deseas y por tus dolores. Crecerás sabiendo confiadamente que Dios responde. Dios te ama y suplirá todas tus necesidades por sus riquezas.
¡Puede que tenga para ti una “máquina de afeitar” en tu futuro!

martes, 21 de julio de 2009

DEVOCIONAL Dia 16

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.”
1 Pedro 5:6-7 (RV)

Cada día enfrentamos la prueba de la grandeza. ¿Cómo responde usted? (marque uno):

  • Se exalta usted mismo
  • Se humilla usted mismo

Exáltate y serás humillado. Humíllate y la promesa de Dios es que Él te levantará. A veces es puro orgullo lo que causa que nos exaltemos, pero el final de este versículo nos lleva a la verdad que a veces causa nuestra ansiedad. Nos exaltamos porque creemos que no nos van a ver o nos van a pasar por alto. Nuestros corazones ansiosos nos empujan para cumplir con nuestras agendas. Nota que el versículo dice que Dios nos levantará “cuando fuere tiempo”. ¡Mi problema es que no me gusta el tiempo de Dios! Así que con todo apuro me exalto para acelerar el horario de Dios.
Una de las grandes evidencias de la humildad es la habilidad de aceptar el tiempo de Dios en lugar del mío. Cuando hago esto, estoy reconociendo que su sabiduría es más grande. Por supuesto que tú tienes un cierto grado de sabiduría, pero la de Dios es infinitamente mayor. También podrías depender de tu propia fortaleza para salir adelante, pero la asombrosa fortaleza de Dios está disponible a aquellos que tienen la humildad de admitir su necesidad. La humildad no es colocar tus ideas ni tu fortaleza ni a ti mismo en una posición baja, sino que es levantar la fortaleza y sabiduría de Dios. El pastor americano Phillips Brooks a finales del siglo XIX lo dijo de esta manera: “El verdadero camino para humillarse no es esperar a ser más pequeño que tú mismo sino pararse enfrente de una naturaleza más alta que te mostrará cuán pequeña es tu grandeza”. El resultado de la humildad genuina siempre es un enfoque mayor en Dios, y un enfoque mayor en Dios siempre “te levantará”.

Pregunta de discusión familiar: ¿En qué situación necesitan confiar en el tiempo de Dios ahora mismo?

lunes, 20 de julio de 2009

DEVOCIONAL Dia 15

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
2 Timoteo 1:7 (RV)


Enfrentémoslo, aun el más seguro entre nosotros a veces lucha con sentimientos de duda. Es más, entre más valiente una persona pueda aparentar ser externamente, más luchará internamente con estos sentimientos. Cuando Pablo habla de “espíritu de cobardía” en este versículo, no se refiere a aquellos que tengan una personalidad callada. Está hablando de falta de fe. Se refiere a la creencia interna que aunque Dios puede hacer grandes cosas, ciertamente no hará grandes cosas a través de mí.
Este versículo nos llama a enfrentar al espíritu de inadecuación cara a cara, y preguntarnos de dónde proviene. Las palabras con claras, ¡Dios NO NOS da esos sentimientos a nosotros! Provienen de nuestro pasado, del estrés del mundo o de las tentaciones del diablo: pero no vienen de Dios. Cuando nos permitimos creer que así es como Dios quiere que nos sintamos, estamos cayendo en una falsa humildad que causa que rehusemos permitirle a Dios hacer su mayor obra en nuestras vidas.
Así que, deja el jueguito de sentirte derrotado esperando que Dios cambie tu vida. Así no opera Dios, ese no es el espíritu que Él te ha dado. En cambio, Él nos da un sentir interno de Su poder. Él te llena con Su amor por los demás. Él te da la auto-disciplina para vivir la vida que te ha llamado a vivir. Mira otra vez estos tres dones: poder, amor y auto-disciplina. Son el “yo puedo” de Dios para responder a tus “no puedo”.
Pablo enfrentó estos sentimientos de duda, al igual que su hijo espiritual Timoteo. La verdad es: muchas de las personas más usadas por Dios a través de la historia enfrentaron este temor. Hay algo acerca de la lucha contra la duda e inseguridad que te hace estar tremendamente enfocado en las grandes cosas que Dios quiere hacer.

domingo, 19 de julio de 2009

DEVOCIONAL Dia 14

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” Romanos 8:37 (RV)

Cuando pienso en un “vencedor”, lo primero que viene a mi mente es un guerrero con armadura de hierro sobre su enemigo derrotado, heroicamente alzando su espada sobre su cabeza en señal de victoria. También pienso en un jugador de fútbol dando una vuelta de victoria alrededor del estadio y sus oponentes tristemente derrotados.
No sé acerca de ti, pero yo no puedo identificarme con ninguno de estos ejemplos. Podría ser el mensajero en la batalla pero ciertamente no el héroe vencedor. ¡No se aplica a mí este ejemplo!
Tengo la tendencia de verme más como el sobreviviente cristiano y no el vencedor. Yo sé que Dios me ha salvado y que voy al cielo. Sé que Él es más grande que mis problemas y que ganará al final. Pero aun así me encuentro actuando como si estuviera “aguantando fuertemente”. Veo cada día, cada circunstancia y cada problema como otra batalla en la que tengo que sobrevivir...una batalla en la que escasamente podré salir adelante si es que tengo la suficiente fe.
Pero peor aún, a veces veo a Jesús en la cruz a través de este mismo enfoque de “sobrevivencia”. Actúo como si Él apenas hubiera escapado de las garras de la muerte, como si la muerte fuese algo que Él “aguantó”...algo que “atravesó”...algo que Él sobrevivió. ¡¡¡Esta forma de pensar está muy lejos de la realidad!!! Jesús no sobrevivió a la muerte... ¡Él CONQUISTÓ la muerte!
Esta no fue una victoria ocasional que tuvo sobre el pecado... ¡esta fue la más grande hazaña de todos los tiempos! Mejor aun, esta victoria significa que cada una de las batallas que enfrento día a día ya han sido ganadas. Ninguno de nosotros tiene que “sobrevivir” durante la semana o “aguantar” hasta el fin de mes. Estas frases ni siquiera deberían estar en nuestro vocabulario porque por medio de Cristo, ya hemos VENCIDO cada situación que se interponga en nuestro camino...hoy, mañana y por siempre.
Por supuesto que por el hecho de ser victoriosos en la vida, esto no nos eximirá de sentir dolor. Jesús fue el máximo victorioso pero también sufrió al máximo. Su triunfo no le eximió de sentir dolor. Pero aunque el dolor es muy real, sin importar lo que estés enfrentando hoy puedes SABER que vencerás por medio de Cristo.
Hoy, estira tu imaginación. Al entrar a cada circunstancia, recuérdate a ti mismo, “Yo ya he vencido esto por medio de lo que Dios ya hizo por mí. ¡Esta batalla ya ha sido ganada!” Recuérdate esto cuando empieces a pensar como un sobreviviente, ya que esto último puede ser más fácil de hacer. Sobretodo, cuando estés en una situación donde empieces a dudar si realmente eres un vencedor, toma un momento y empieza a agradecerle a Dios por la victoria. ¡No hay nada que pueda llevarse Su Victoria!

#GqsE

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